Todos conocemos Splatterhouse. Ponernos entre la piel de Rick y la Terror Mask es sinónimo de casquería, referencias al cine de serie b, estampar zombis en la pared a golpe de tablón, ser visceral... Es una de esas sagas que, aunque no sea de las primeras que nos vengan a la cabeza a la hora de hablar de un arcade en 2D de toda la vida, siempre la tenemos presente. Y valga la redundancia, es una saga que casi siempre la relacionamos más con un sistema arcade de bar de pueblo, que con una consola de salón de casa.
Splatterhouse no es un juego que se relacione generalmente con una consola de andar por casa, pese a que tuvo su hueco en ellas. Muchos fans de la saga la disfrutaron en una MegaDrive. Algunos privilegiados jugaron hasta la saciedad la deliciosa versión de Turbografx/PcEngine. Y con la moda actual de resucitar clásicos, nuevas generaciones de jugadores han podido disfrutar tanto de los clásicos como de la versión moderna en Playstation 3 y Xbox 360 gracias al remake.
El remake, pese a que es entretenido y cumple con lo que se busca, no llegó a gustarme tanto como el original.
Muchos fans de Nintendo se alegraron al ver como esta magnífica saga llegó a la Consola Virtual de la Wii. Por fin podrian disfrutar de Splatterhouse por primera vez en un sistema de Nintendo. ¿Por primera vez? pues va a ser que no. El amigo Rick es un viejo amigo de Nintendo, desde los tiempos de los 8 bits para ser más exactos. Y os direis "¿pero como un juego tan sangriento, violento, mugriento y tantas cosas más que acaban en 'ento' pudo acabar en una consola tan familiar como la famicom? valga la redundancia". Pues muy sencillo: autoparodiandote y rozando el pasteleo hasta la nausea.











